Mahahual: cuando el sargazo no sale en la foto, parece que no existe

CON DAÑO A TERCEROS

Hay problemas que solo existen cuando llegan a los reflectores nacionales, mientras las cámaras apuntan hacia Puerto Morelos, las reuniones se multiplican, las declaraciones sobran y las promesas aparecen como por arte de magia; Pero basta con voltear hacia Mahahual para descubrir que, al parecer, hay playas de primera y playas de segunda.

Porque sí, el sargazo no distingue municipios, no pregunta quién gobierna ni cuánto turismo recibe cada destino, llega igual, huele igual y destruye igual, -la diferencia está en quién recibe la atención del gobierno y quién tiene que arreglárselas prácticamente solo-.

Puerto Morelos tuvo mesas de trabajo, visitas, cobertura mediática y la preocupación expresada desde distintos niveles de gobierno. Mahahual, mientras tanto, sigue acumulando montañas de sargazo, pérdidas económicas y prestadores de servicios preguntándose cuándo será su turno para que alguien los vea.

Y ahí apareció el secretario de Ecología y Medio Ambiente, Óscar Rébora o mejor dicho (remora), con una declaración que dejó más dudas que tranquilidad, aseguró que la mortandad de peces registrada en Puerto Morelos no tenía relación con el sargazo, una afirmación que, por decir lo menos, resulta difícil de sostener y de creer sin presentar evidencia contundente.

Porque si algo ha documentado la comunidad científica durante años es que, cuando enormes cantidades de sargazo se acumulan y comienzan a descomponerse, consumen el oxígeno disuelto en el agua, ese proceso puede generar condiciones de hipoxia —es decir, niveles tan bajos de oxígeno que muchas especies marinas simplemente no sobreviven—. Además, la descomposición libera sustancias como sulfuro de hidrógeno y amonio, que deterioran aún más la calidad del agua y afectan a peces, crustáceos y otros organismos marinos, esto no significa que toda mortandad de peces tenga una única causa, pero sí que el sargazo es un factor que la ciencia reconoce como capaz de provocar o agravar estos eventos.

Entonces la pregunta es inevitable: ¿se habló con base en estudios específicos sobre ese caso o únicamente para apagar el incendio mediático?; Porque minimizar el problema no hace que desaparezca, decir que no tiene relación tampoco limpia las playas, ni devuelve los peces muertos al mar, ni recupera las reservaciones canceladas de los hoteles.

Lo verdaderamente preocupante es el mensaje que se envía, si el discurso oficial comienza a separar los efectos del sargazo de las consecuencias ambientales visibles, el riesgo es que también se termine minimizando la urgencia de atender un fenómeno que año con año golpea con más fuerza al Caribe mexicano.

Mientras tanto, en Mahahual el panorama sigue siendo desalentador, ahí también hay empresarios perdiendo dinero, ahí también hay pescadores viendo afectado su trabajo, ahí también hay playas cubiertas por toneladas de alga que ahuyentan al turismo. Pero pareciera que, si el problema ocurre lejos de los grandes reflectores, entonces la emergencia deja de ser prioridad.

No se trata de competir por quién tiene más sargazo, se trata de exigir que la respuesta institucional sea pareja, porque el turismo de Mahahual también genera economía, sus familias también viven del mar, sus playas también forman parte del Caribe mexicano que tanto se presume en campañas de promoción.

LA PENSADORA

El problema del sargazo no desaparece porque alguien diga que una cosa no tiene relación con otra, la naturaleza no atiende ruedas de prensa ni comunicados oficiales, ahí están las playas, ahí está el olor, ahí están los peces muertos y ahí están miles de familias esperando soluciones, no explicaciones convenientes.

Y es precisamente donde Óscar Rébora queda a deber, porque un secretario de Medio Ambiente debería ser la voz que explique con rigor científico, que informe con transparencia y que encabece las acciones para proteger nuestros ecosistemas. Cuando el mensaje público genera más dudas que certezas, lo que se pudre no solo es la credibilidad del funcionario, sino también la confianza de los ciudadanos en las instituciones.

En Quintana Roo ya estamos cansados de gobiernos que reaccionan cuando una crisis se vuelve tendencia, el medio ambiente no puede depender del tamaño del escándalo ni del número de cámaras apuntando hacia una playa, si Puerto Morelos merece atención, Mahahual también, si un pez muerto preocupa en un municipio, debería preocupar exactamente igual en cualquier otro rincón del estado.

Porque al final parece que algunos funcionarios pasan más tiempo cuidando el costo político de una declaración que el costo ambiental de su desatención, y cuando la prioridad es proteger la imagen antes que proteger el mar, queda claro que el verdadero problema ya no está flotando sobre el agua, está sentado detrás de un escritorio.

En Quintana Roo el sargazo llegó para quedarse, lo que no debería quedarse es la costumbre de atender las crisis según el tamaño del micrófono que las esté grabando, porque cuando una playa vale menos que otra en la agenda oficial, el problema ya no es el alga… es la indiferencia.

Si la naturaleza no hace distinciones, el gobierno tampoco debería hacerlas.