Heyden Cebada: cuando la justicia termina sentada en el banquillo

Dicen que la justicia debe ser ciega, pero en Quintana Roo parece que, además de ciega, también tiene muy buena memoria… sobre todo para recordar a quién le debe los favores.

El caso de Heyden Cebada volvió a demostrar que la ineptitud y el problema del Poder Judicial no son únicamente los expedientes rezagados o las sentencias que tardan una eternidad, el verdadero problema es la confianza; Porque cuando la ciudadanía empieza a preguntarse si un magistrado llegó por méritos o por cercanía política, la justicia deja de parecer imparcial y comienza a parecer un club privado.

 

Desde su llegada al Tribunal Superior de Justicia hubo voces que cuestionaron la rapidez de su ascenso y la cercanía que mantenía con el grupo político en el poder, lo ocurrido recientemente con la revisión de la reforma judicial fue apenas la cereza del pastel.

La Suprema Corte declaró inválidas diversas disposiciones de la reforma que buscaban extender o modificar la integración y funcionamiento del Poder Judicial local, entre ellas quedaron sin efecto mecanismos relacionados con la permanencia y organización del Tribunal, lo que abre el debate sobre la continuidad de Heyden Cebada y obligará al Congreso local a adecuar la legislación y entonces aparece el deporte favorito de la política mexicana: interpretar las sentencias según la conveniencia del día.

Mientras unos anuncian que prácticamente esta destituido, otros aseguran que sigue firme y sin ningún problema. La realidad termina siendo mucho menos espectacular y mucho más política: la Corte invalidó diversos aspectos de la reforma, pero el escenario definitivo dependerá de cómo el Congreso armé la legislación y de la aplicación de las reglas constitucionales vigentes.

Lo verdaderamente preocupante no es únicamente el nombre de Heyden Cebada, es el precedente, porque si las reglas pueden modificarse para acomodar personas, entonces mañana podrán modificarse para acomodar intereses. Hoy es un magistrado; mañana cualquier otro funcionario, cuando las instituciones se adaptan a los nombres y no los nombres a las instituciones, el Estado de Derecho comienza a convertirse en un traje hecho a la medida.

Y mientras todo eso ocurre, nosotros los ciudadanos comunes seguimos esperando una audiencia, una sentencia o una resolución que se tarda meses o años, porque para nosotros no existen interpretaciones constitucionales sofisticadas ni reformas de última hora, para nosotros solamente existe una justicia lenta, costosa y muchas veces

LA PENSADORA

Si el Congreso establece las reglas conforme a la reforma judicial federal, ese año habrá una nueva etapa para la integración del Poder Judicial mediante elecciones judiciales locales, será entonces cuando realmente se pondrá a prueba si el sistema cambia de fondo o únicamente se hace a modo para beneficiar algunos nombres,

Porque de nada sirve vender la elección de jueces y magistrados como la gran revolución democrática si al final los mismos grupos políticos terminan impulsando a los mismos perfiles de siempre. En política abundan los discursos sobre independencia política lo difícil es practicarla, mientras eso no ocurra, cada nombramiento seguirá siendo recibido con sospecha, cada sentencia con desconfianza y cada reforma con la inevitable pregunta de los ciudadanos:

¿Se está fortaleciendo la justicia… o solamente se está protegiendo a quienes la administran?