¿Secretario de Salud o precandidato? Porque el paciente sigue esperando.

En Quintana Roo, enfermarse se ha convertido en un acto de fe y en Chetumal, además, en una prueba de resistencia física y emocional, quien llega a un hospital público no sabe si saldrá con un diagnóstico, con una receta imposible de surtir o, simplemente, con la promesa de que “regrese mañana” y ojo por que si la receta te la dieron a fin de mes y no hubo el medicamente simplemente cuando regreses a surtirla te dirán, tiene que solicitar otra receta por que esta es del mes pasado. Porque aquí la salud parece funcionar bajo el lema de: si aguanta la espera, quizá también aguante la enfermedad.

La escena es la misma una y otra vez: salas de espera repletas, adultos mayores soportando horas sentados en una silla de plástico, madres desesperadas con niños enfermos en brazos, pacientes que van de ventanilla en ventanilla realizando mil tramites y médicos haciendo milagros con recursos que no alcanzan, no porque el personal no quiera trabajar, sino porque el sistema los ha dejado prácticamente solos y a su suerte.

La escasez de medicamentos dejó de ser una excepción para convertirse en costumbre, la infraestructura envejece mientras las necesidades crecen, hay clínicas donde faltan especialistas, hospitales donde faltan insumos y unidades donde parece que lo único que nunca falta son los discursos oficiales asegurando que “todo marcha bien”. Porque en los boletines todo funciona de maravilla, en las conferencias hay logros, en las fotografías abundan las sonrisas; Pero basta con entrar a cualquier hospital público de Chetumal para descubrir que la realidad decidió no asistir a esa conferencia de prensa.

Y mientras miles de ciudadanos esperan atención médica, el nombre del secretario de Salud, Flavio Carlos Rosado, aparece cada vez con mayor frecuencia en las conversaciones políticas rumbo a Isla Mujeres, desde hace meses han circulado versiones y señalamientos sobre sus posibles aspiraciones para buscar la presidencia municipal, aunque el propio funcionario ha evitado confirmarlas públicamente, pero como dijo Juan Gabriel “lo que se ve, no se juzga”.

La pregunta resulta inevitable ¿Cómo puede alguien pensar en pedir el voto para gobernar un municipio cuando todavía carga sobre los hombros un sistema de salud que enfrenta tantas carencias?

Porque la mejor carta de presentación de cualquier servidor público debería ser su desempeño, y en salud, el examen no se responde con espectaculares, recorridos, entrevistas ni sonrisas para la cámara; Se responde con hospitales funcionando, medicinas disponibles, especialistas suficientes y pacientes atendidos con dignidad, hoy miles de quintanarroenses reprueban la atención que mal reciben, la califican con horas de espera, recetas vacías y consultas reagendadas, mientras tanto, el reloj político sigue avanzando.

Tal vez alguien debería recordarle al secretario que la campaña más importante no es la electoral, sino la que se libra todos los días contra la falta de medicamentos, la saturación hospitalaria y el abandono de los servicios públicos de salud. Porque un político puede sobrevivir a las críticas, pero un paciente no siempre sobrevive a la indiferencia.

Y ahí está la verdadera tragedia, no se trata solamente de administrar un presupuesto, se trata de administrar vidas, mientras unos parecen mirar el calendario electoral, miles de familias solo miran el reloj esperando que, antes de que sea demasiado tarde, alguien los llame por su nombre en la sala de urgencias, y esa espera, por desgracia, ya se volvió la enfermedad más crónica del sistema de salud en Quintana Roo.
Y como si hiciera falta una imagen más contundente del estado en que se encuentra la salud pública, ahí está el escándalo del almacén de medicamentos en Subteniente López.

LA PENSADORA

Mientras miles de pacientes recorren hospitales y centros de salud con recetas en la mano sin encontrar antibióticos, analgésicos, medicamentos para enfermedades crónicas o incluso sueros, en una bodega de la propia Secretaría de Salud fueron reportados medicamentos e insumos presuntamente caducados, dañados por la humedad y en condiciones inadecuadas de almacenamiento, trabajadores del sector denunciaron además que el hallazgo ocurrió durante una auditoría y exigieron una investigación para deslindar responsabilidades

La ironía duele más que cualquier diagnóstico: afuera pacientes rogando por una medicina, adentro, cajas enteras esperando a que las alcanzara la fecha de caducidad ,si las denuncias se confirman, no estaríamos frente a un simple error administrativo, sería la fotografía más cruel de un sistema donde el problema ya no sería solamente la falta de medicamentos, sino la incapacidad para administrar los que sí existen.

Y mientras las bodegas acumulan medicinas inservibles y los hospitales acumulan enfermos desesperados, el secretario de Salud, Flavio Carlos Rosado, continúa siendo mencionado en el escenario político rumbo a la presidencia municipal de Isla Mujeres, la pregunta ya no es si tiene derecho a aspirar a otro cargo; la pregunta es si puede presumir resultados suficientes en el que hoy ocupa.

Porque un secretario de Salud debería ser recordado por hospitales funcionando, farmacias abastecidas y pacientes atendidos, no por un escándalo de medicamentos echados a perder mientras la gente hace filas interminables para recibir una atención que nunca llega.

En política suele decirse que las campañas se construyen con resultados; En salud, los resultados se miden en vidas.

Y cuando las medicinas terminan olvidadas en una bodega mientras los enfermos las buscan con desesperación, el verdadero diagnóstico deja de ser médico para convertirse en político.