La verdad que no pudo ocultarse: el costo real de la pandemia de covid en México

El informe de la OMS estima que las muertes en exceso a nivel global alcanzaron 22.1 millones de personas, una cifra que triplica los poco más de 7 millones de fallecimientos reportados oficialmente

La pandemia de covid-19 dejó cicatrices en todo el mundo, pero también una disputa incómoda entre las cifras oficiales y la realidad. Hoy, años después de los días más oscuros de la emergencia sanitaria, la Organización Mundial de la Salud (OMS)termina por confirmar lo que periodistas, académicos y especialistas advirtieron desde el principio: la tragedia fue mucho mayor de lo que muchos gobiernos estuvieron dispuestos a reconocer.

El informe Estadísticas Sanitarias Mundiales 2026 estima que las muertes en exceso a nivel global alcanzaron 22.1 millones de personas, una cifra que triplica los poco más de 7 millones de fallecimientos reportados oficialmente. Detrás de ese dato no sólo hay un ajuste estadístico; hay millones de historias que nunca entraron por completo en los registros públicos.

México ocupa un lugar especialmente doloroso en esa discusión. Mientras el gobierno de Andrés Manuel López Obrador reportó oficialmente 334 mil 336 muertes por covid-19, las estimaciones internacionales y los análisis demográficos del propio INEGI apuntan a que el número real podría superar las 800 mil defunciones. La diferencia no es menor: significa que cientos de miles de muertesquedaron fuera del discurso oficial.

Durante la pandemia, las conferencias vespertinas encabezadas por Hugo López-Gatell intentaron instalar la idea de que México mantenía bajo control la emergencia. Sin embargo, conforme avanzaban los meses, comenzaron a aparecer inconsistencias imposibles de ignorar. Hospitales saturados, familias buscando oxígeno, actas de defunción que no coincidían con las cifras gubernamentales y médicos denunciando carencias fueron mostrando una realidad distinta a la narrativa política.

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La Silla Rota fue el primer medio en documentar las diferencias entre las cifras oficiales y los registros civiles. El 1 de julio de 2020, este medio publicó que al corte del 19 de junio de ese año en México se habían registrado 38 mil 815 muertes por covid-19de acuerdo con la base nacional del Registro Civil, que para ese momento ya representaba un subregistro de 18 mil 421 decesos, ya que hasta ese día la Secretaría de Salud sólo había contabilizado 20 mil 394.

No se trataba únicamente de números. Detrás de la subestimación había decisiones de política pública que hoy siguen siendo motivo de debate: la negativa inicial a impulsar pruebas masivas, la resistencia al uso generalizado del cubrebocas y una estrategia centrada más en contener el impacto político que en reconocer la magnitud sanitaria del problema.

Todo ello quedó documentado en el libro La historia oscura detrás de la pandemia: El baile de cifras de López-Gatell, coordinado por Jorge Ramos Pérez y Mariluz Roldán, donde especialistas y exfuncionarios de salud como José Narro Robles, ex rector de la UNAM y exsecretario de Salud,  advirtieron que minimizar la gravedad de la crisis podía tener consecuencias devastadoras. Con el tiempo, muchos de esos señalamientos terminaron confirmándose.

La validación de estas cifras de muerte por parte de la OMS no cambia lo ocurrido, pero sí obliga a revisar cómo se gestionó una de las peores crisis sanitarias de la historia reciente. Porque cuando un gobierno maquilla datos en medio de una emergencia, no sólo altera estadísticas: debilita la confianza pública, dificulta la toma de decisiones y deja a miles de familias sin reconocimiento.

México aparece hoy entre los países con mayor número de víctimas mortales por la pandemia. Esa posición debería ser motivo de reflexión nacional y no de defensa ideológica. Las pandemias no se enfrentan con discursos ni con optimismo político, se enfrentan con transparencia, evidencia científica y rendición de cuentas.

No intenten vernos la cara. La verdad siempre sale a flote. Hoy queda clara la mentira de Hugo López-Gatell y su jefe Andrés Manuel López Obrador.

Salud universal: el reto no será comprar más, sino hacer que funcione

El proyecto de salud universal en México avanza con una promesa ambiciosa: ampliar la cobertura médica, aumentar infraestructura hospitalaria y garantizar atención para millones de personas que históricamente han enfrentado barreras para acceder al sistema público.

En el discurso, el objetivo parece claro. Sin embargo, conforme comienzan las mesas técnicas y operativas entre autoridades e industria, también aparecen dudas relevantes que podrían definir el éxito o fracaso del modelo en los próximos años.

Porque el reto ya no es solamente construir más hospitales o adquirir más insumos médicos. El verdadero desafío será lograr que todo el sistema funcione de manera coordinada, eficiente y sostenible.

Uno de los puntos más relevantes que hoy plantea la industria es que la salud no puede reducirse únicamente a la compra de productos o tecnología médica. Un dispositivo o un equipo hospitalario solo generan valor cuando existen protocolos adecuados, infraestructura suficiente y personal capacitado para utilizarlos correctamente.

Y ahí aparece una primera gran pregunta: ¿está creciendo al mismo ritmo la capacidad operativa del sistema?

La expansión hospitalaria requiere mucho más que camas nuevas. Requiere quirófanos funcionales, espacios adecuados, capacitación constante y procesos clínicos homologados. De lo contrario, el riesgo es abrir infraestructura que no necesariamente pueda ofrecer atención con estándares óptimos.

Desde la propia industria se reconoce que actualmente existen hospitales donde ciertos productos son utilizados para fines distintos a los previstos o donde los protocolos médicos no siempre pueden seguirse de manera estricta por falta de insumos. En otras palabras: muchas veces el personal médico resuelve con lo que tiene disponible.

Y aunque esa capacidad de adaptación mantiene funcionando al sistema, también evidencia uno de los grandes pendientes estructurales: el desabasto y la desigualdad operativa entre instituciones.

Otro tema que genera inquietud es el modelo administrativo alrededor de las compras consolidadas.

En teoría, el sistema permite contratar cantidades suficientes de insumos para cubrir la demanda anual. Sin embargo, en la práctica persisten mecanismos burocráticos que limitan el consumo real de hospitales y clínicas.

Un ejemplo es el llamado “consumo promedio mensual”, un criterio interno que impide a algunas instituciones solicitar más piezas de las que históricamente han utilizado, incluso cuando tienen capacidad instalada para atender a más pacientes.

El problema es que muchos de esos históricos están distorsionados por años de desabasto, es decir, no reflejan la demanda real, sino únicamente lo que pudo atenderse con los recursos disponibles.

La consecuencia podría convertirse en un cuello de botella para el nuevo sistema universal: hospitales con capacidad para crecer, médicos especializados disponibles y pacientes esperando atención, pero sin posibilidad administrativa de acceder a más insumos.

Si el sistema universal logra atraer más pacientes a ciertas instituciones, la demanda aumentará y si los procesos de compra y autorización continúan operando bajo esquemas rígidos, la expansión podría verse frenada por la propia burocracia interna.

Además por si lo anterior fuera poco, hay otro desafío de fondo: la certificación hospitalaria.

La industria advierte que existen hospitales donde no hay condiciones físicas para ofrecer ciertos procedimientos complejos bajo estándares adecuados. Una cirugía cardiovascular, por ejemplo, requiere espacios específicos, equipamiento especializado y condiciones técnicas que no todos los hospitales poseen.

Por ello, el crecimiento del sistema no puede medirse únicamente en número de hospitales o camas, sino en capacidad real de atención segura y eficiente.

La pregunta entonces es: ¿cómo acompañar este proyecto para que realmente funcione? La respuesta parece apuntar a una colaboración mucho más estrecha entre gobierno, industria y profesionales de la salud.

*Por cierto y en otros temas, en junio próximo llegará a México el Micra de Medtronic, un marcapasos miniatura que mide lo de una moneda de 10 pesos. El dispositivo, considerado uno de los avances más innovadores en cardiología, promete transformar la vida de pacientes al ser menos invasivo y prácticamente imperceptible.

Redacción: SUMEDICO.COM