Turbulencia, escala técnica… y escala política

En México, cuando un avión despega, no siempre transporta pasajeros: a veces carga sospechas, teorías y uno que otro guion digno de serie. Esta semana, el vuelo con matrícula ANX1230 de las Fuerzas Armadas no solo hizo la ruta Ciudad de México–Palenque–Chetumal- destino desconocido-Ciudad de México. También hizo escala en la imaginación colectiva de un país que ya no distingue entre bitácora de vuelo y trama político, pero este vuelo parece un incendio dentro de Morena.

Mientras el avión tocaba pista en Palenque —donde casualmente vive en retiro espiritual (y político) Andrés Manuel López Obrador en su famoso rancho “La Chingada”—, del otro lado del mapa estallaba un terremoto: la acusación formal de la Fiscalía de Nueva York contra Rubén Rocha Moya y compañía por presuntos vínculos con el Cártel de Sinaloa.

Y como buen fenómeno telúrico, tuvo sus alertas sísmicas e intentos de una defensa desesperada por parte la actual Consejera Jurídica Luisa María Alcalde.

Primero, el embajador Ronald Johnson advirtiendo que la corrupción no es buena para los negocios —como si eso fuera novedad en un país donde la corrupción ha sido más estable que el peso—. Luego, el Los Angeles Times adelantando que venían cosas serias, incluyendo el retiro de visas. Y finalmente, la cancillería confirmando que ya había solicitudes de detención con fines de extradición.

Y entonces, claro, el avión dejó de ser avión.

Pasó de ser logística militar a posible Uber VIP. De traslado institucional a sospechoso tour político. Porque en este país, una escala en Palenque no es técnica: es narrativa. Y si además el avión pasa por Chetumal —como quien no quiere la cosa—, ya tenemos ruta completa para que medio país jure que alguien iba escondido entre los asientos.

¿Pruebas? Ninguna.
¿Dudas? Todas.
¿Especulación? Total.

Pero mientras el país juega a “¿quién venía a bordo y a donde iban?”, hay otros vuelos más silenciosos pero igual de interesantes: los de la política interna.

En Morena, por ejemplo, el aterrizaje de Citlalli Hernández como operadora electoral llega en medio de turbulencias con sus aliados, el Partido del Trabajo y el Partido Verde Ecologista de México. Esos mismos que ya entendieron que su amor electoral… tiene precio y no es bajo.

Porque si algo ha quedado claro rumbo a 2027, es que la lealtad política en México no se mide en ideología, sino en cotización.

LA PENSADORA

Por cierto, hablando de pendientes, en el gobierno federal siguen buscando quién se queda con la silla que dejó Citlalli en la Secretaría de las Mujeres. La decisión no llega, pero la violencia sí, hay Prioridades, diría alguien.

Así es México: un país donde un avión puede ser evidencia, metáfora o simple coincidencia… dependiendo de quién cuente la historia, y esperando con ansias un mundial de futbol para darle al pueblo pan y circo y así mas aviones puedan seguir despegando y aterrizando sin levantar polvo.

Y mientras la realidad intenta despegar con datos, la narrativa ya va en primera clase, con destino a la sospecha…