Por si alguien todavía tenía dudas de que en Othón P. Blanco ya arrancó la temporada de “yo sí puedo”, Morena nos acaba de regalar un desfile de aspirantes que, apenas sienten que se acerca el 2027, y si empiezan a acomodar las piezas del tablero.
Y es que aquí nadie quiere decir que quiere ser candidato —¡faltaba más!—. Todos quieren ser “coordinadores de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional”, porque decir “quiero la presidencia municipal” todavía suena demasiado directo.
Pero todos sabemos de qué va la película, la silla de Othón P. Blanco quedó libre y, de pronto, aparecieron los interesados.
Está Luis Gamero, quien acaba de dejar la Secretaría General del Ayuntamiento y ya levantó la mano por tercera ocasión, él mismo ha dicho que esperará las reglas de Morena y que está dispuesto a competir.
También está Nabil Eljure, quien dejó la Subsecretaría de Gobierno y presume conocer las colonias y comunidades del municipio, su argumento: territorio, territorio y más territorio.
Elda Xix también está en el tablero después de dejar la Secretaría de Educación y reincorporarse a la Cámara de Diputados.
Pero hay un nombre que, al menos hasta ahora, está jugando una carta diferente: Alejandro Alamilla, y aquí es donde vale la pena detenerse.
Porque Alamilla no salió corriendo a esconder su aspiración detrás de un discurso de “yo solamente quiero servir”. Dejó el ICAT y dijo claramente que quiere participar en el proceso interno de Morena, pero hay algo más interesante: decidió dejar el cargo antes de entrar de lleno a la disputa partidista.
Su renuncia quedó formalizada el 2 de octubre y ha planteado que quiere concentrarse en el trabajo territorial, escuchar a la ciudadanía y construir organización dentro del municipio.
Y eso, en política, también cuenta, porque una cosa es querer la silla y otra es estar dispuesto a caminar para buscarla.
Alamilla ha insistido en que sea la gente la que juzgue su trayectoria y no su apellido, y ahí está precisamente el reto: demostrar que Alejandro Alamilla puede construir su propio capital político, más allá de cualquier vínculo familiar, y vaya que el apellido pesa, pero si algo puede jugar a su favor es precisamente demostrar que no necesita vivir de él.
Su discurso de “camina, escucha y atiende” puede sonar a slogan —porque todos los políticos tienen uno—, pero ahora tendrá que convertirse en territorio, organización, presencia y resultados.
Porque Othón P. Blanco ya no está para discursos bonitos, Chetumal necesita calles, servicios, seguridad, inversión, orden y una administración que entienda que gobernar la capital del estado no puede reducirse a tomarse la foto en los eventos.
Y ahí está la verdadera prueba para todos, porque ser secretario, diputado, subsecretario o director no convierte automáticamente a nadie en buen presidente municipal.
El currículum político no recoge basura, el apellido no arregla una calle, la encuesta no tapa un bache, y una fotografía con la militancia no resuelve los problemas de las comunidades.
Por eso, que gane el que tenga mejores números, sí, pero sobre todo, que gane quien pueda demostrar que conoce Othón P. Blanco más allá de las oficinas con aire acondicionado.
Y si alguno quiere convencer, tendrá que hacer exactamente eso: caminar, escuchar y atender.
No prometer, no repartir cargos antes de tiempo, no sentirse alcalde antes de ganar, porque todavía falta la encuesta, falta la decisión de Morena y, sobre todo, falta lo más importante: que la gente quiera verlo ahí.
Y mientras todos empiezan a sacar sus fichas, hay una pregunta que nadie parece querer responder:
¿Quién tiene realmente el proyecto para rescatar Othón P. Blanco y quién solamente tiene ganas de ocupar la silla?
Ahí está el detalle, porque candidatos sobran, lo que falta es alguien que llegue con algo más que hambre de poder. Y de eso, queridos lectores, la historia política de Chetumal ya nos ha dado varios capítulos.
LA PENSADORA
En política todos dicen que vienen a servir, pero cuando ven una silla disponible, hasta se les olvida que dijeron que no querían sentarse.
Hoy en Othón P. Blanco hay varios apuntados, pero la verdadera competencia no será por levantar la mano, sino por demostrar quién tiene trabajo, territorio y respaldo real.
Porque Chetumal ya no necesita promesas envueltas en discursos bonitos, necesita resultados.
Al final, la encuesta podrá medir popularidad…pero las calles miden trabajo, y ahí, señores aspirantes, es donde comienza lo bueno.
Porque para gobernar Othón no basta con querer la silla… hay que merecerla.