El mar pasa factura… y el medio ambiente sigue esperando respuestas

CON DAÑO A TERCEROS

Hay una frase que describe perfectamente la forma en que se ha enfrentado el sargazo en Quintana Roo: siempre se reacciona cuando el problema ya está encima.

El sargazo no avisa, no manda oficios, no solicita audiencias, el sargazo simplemente llega, y cuando llega, lo que se espera de la autoridad encargada del medio ambiente es capacidad de anticipación, coordinación y resultados, no reuniones para analizar lo que ya todos estamos viendo.

La visita presidencial dejó fotografías, discursos y anuncios, pero el problema siguió creciendo; Mientras las playas comenzaban a cubrirse de toneladas de alga, la respuesta visible continuó siendo la de siempre: mesas de trabajo y promesas de estrategia.

Y por si alguien pensaba que ya existía un plan, la situación nos deja muy claro que aún siguen con la frase “analizar la estrategia”. Analizar… cuando hoteleros llevan semanas reportando afectaciones, analizar… cuando trabajadores turísticos retiran sargazo con palas desde muy temprano, analizar… cuando el Caribe no espera acuerdos de escritorio.

Pero si alguien debe responder por esta situación es quien encabeza la política ambiental del estado, Óscar Rébora ha mantenido un discurso constante sobre coordinación, acciones e inversiones para atender el fenómeno, sin embargo, los resultados que perciben quienes viven del turismo siguen siendo motivo de cuestionamientos; Porque una estrategia no se mide por las conferencias de prensa, sino por lo que ocurre en las playas.

El lunes, Mahahual volvió a convertirse en un ejemplo de ello, las barreras de contención terminaron siendo rebasadas por la enorme cantidad de sargazo, una imagen que inevitablemente abre preguntas sobre si el mantenimiento, la limpieza y las acciones preventivas fueron suficientes para evitar que la infraestructura llegara a ese punto o simplemente decidieron omitir ese trabajo.

Las barreras tienen un límite, eso es cierto, pero precisamente por eso requieren supervisión constante, planeación y capacidad de respuesta, cuando terminan colapsando, la discusión ya no es solamente sobre el fenómeno natural, sino sobre la eficacia de quienes tenían la responsabilidad de enfrentarlo.

Durante meses se habló de embarcaciones, tecnología, coordinación institucional y operativos permanentes, hoy la ciudadanía espera que todo eso también pueda traducirse en resultados visibles.

Porque mientras las explicaciones continúan, quienes realmente pagan las consecuencias siguen siendo los mismos: pescadores, restauranteros, pequeños hoteles, prestadores de servicios y cientos de familias que dependen del turismo; Ellos no pueden esperar a que las estrategias terminen de definirse mientras el sargazo sigue llegando todos los días.

Y mientras tanto, el Parque del Jaguar continúa recordándonos que algunas promesas terminaron siendo muy distintas a la realidad, se habló de acceso gratuito para la población, pero los cobros permanecen y ahora incluso existen módulos operados por Sedena para el ingreso a la zona arqueológica.

Para cobrar nunca faltan mecanismos, para recaudar nunca hay retrasos, pero cuando se trata de proteger la principal riqueza natural del estado, las respuestas siguen llegando con una lentitud que contrasta con la velocidad con la que el sargazo invade nuestras costas.

Lo verdaderamente preocupante ya no es únicamente el fenómeno natural, sino la sensación de que cada temporada nos encuentra prácticamente en el mismo punto: reaccionando cuando el problema ya rebasó cualquier previsión.

Gobernar también significa evaluar resultados, corregir estrategias y asumir responsabilidades cuando las acciones no alcanzan. Porque la naturaleza no entiende de boletines, cargos públicos ni conferencias de prensa.

LA PENSADORA

El Caribe no pide discursos; exige resultados.

Y mientras el mar sigue poniendo a prueba la capacidad de respuesta de las autoridades ambientales, cada playa cubierta de sargazo se convierte en una pregunta incómoda para Óscar Rébora: si la estrategia existe… ¿por qué quienes viven del turismo siguen sintiendo que enfrentan esta batalla prácticamente solos?