Un aeropuerto vacío, locales cerrados y hoteles en abandono: la caída del turismo en Tulum se profundiza

En la pista del aeropuerto de Tulum solo hay un avión: un Airbus A320 de la aerolínea Viva Aerobus. Durante varias horas, ese es el único avión que permanecerá en la terminal aérea inaugurada en 2023. El aeródromo está casi vacío después de que Aeroméxico, Volaris y American Airlines anunciaran el cierre de buena parte de sus rutas hacia este destino en el Caribe mexicano. La soledad en la terminal es desconcertante y a lo lejos solo se escucha el eco de unos niños jugando. La crisis por la caída del turismo, en la que alguna vez fue la joya de la Riviera Maya, se ha profundizado en el último año y ha comenzado a tocar a diversos sectores que habían puesto sus ojos en el boyante futuro de este municipio del Estado de Quintana Roo.

Hace un año, la alerta la dieron los hoteleros, quienes habían notado un descenso del 10% en la ocupación de habitaciones. El siguiente llamado, esta vez, ha sido de las aerolíneas, que no encuentran una manera de hacer rentables los viajes al corazón de la selva. El tráfico de pasajeros ha caído un 33% desde 2025. El aeropuerto de Tulum fue uno de los proyectos emblema del Gobierno de Andrés Manuel López Obrador (2018-2024), que buscaba desahogar al aeropuerto de Cancún y dar una entrada más directa a esta región que había cobrado auge tras la pandemia por la covid, en 2021. La apuesta por el turismo más allá de Cancún atrajo a los turistas internacionales, principalmente, lo que llevó a una subida de precios en servicios por encima de otros puntos de la misma región, como Playa del Carmen. Sin embargo, el entusiasmo no se sostuvo y Tulum ya ha visto multiplicar los locales que han echado el cierre.

En la zona hotelera, por ejemplo, está el hotel Maya Tulum: un modesto complejo a la orilla del mar que ofrecía restaurante, cabañas y club de playa. El conjunto apenas tenía algunos clientes en octubre de 2025 que aprovechaban las tumbonas para tomar el sol. Ahora, el hotel está vacío y los camastros, mesas y sillas están abandonados, como si todos en el complejo hubieran huido en un instante. A lo largo de casi un kilómetro sobre la playa, el sargazo (un tipo de alga) ya ha ocupado el espacio que nadie se ha molestado en limpiar frente al hotel. Con cuentas pendientes para pagar y pocos huéspedes, algunos hoteles ya batallan para hacer los balances financieros. El esposo de Blanca Ramírez trabaja en uno de ellos y cuenta que los propietarios ya han comenzado a acortar las jornadas de trabajo: en una quincena, su pareja solo acude 10 días. “Hace seis años que él vino aquí de Chiapas. Con lo que están pagando ahora ya no alcanza para el gasto y completamos con la renta de unos cuartos y con trabajo de carpintería que él sabe hacer”, relata. Las habitaciones en alquiler, dice, tampoco son ya tan requeridas: de cuatro solo se ocupan dos.

Ramírez está sentada en una de las playas públicas de Tulum, donde conviven unas cinco familias más, pero ella —como la mayoría— evita meterse al mar. Es ya el fin de la temporada de sargazo, que empezó en abril, pero el agua está lejos de lucir turquesa. Un color marrón rojizo se mezcla con la espuma blanca de las olas. Este 2026 ha sido el año con más concentración del alga en el Caribe, según la información satelital de la NASA. “El sargazo en descomposición libera sulfuro de hidrógeno, un gas con olor a huevo podrido que representa un problema potencial tanto para los ecosistemas como para el turismo”, advierte la institución científica. El Gobierno mexicano ha desplegado algunas brigadas de la Secretaría del Medio Ambiente a lo largo de la costa para recoger el alga con rastrillos y en algunos puntos ha instalado mallas para detener el avance del sargazo hasta la costa. Sin embargo, estas medidas no han alcanzado a cubrir todo el litoral de Tulum y la mayor parte de la zona hotelera padece su llegada.

Pese a que las calles y los negocios lucen vacíos, existe todavía el optimismo sobre que el flujo turístico se recuperará en la próxima temporada alta de Navidad. “Está el sargazo y algunos lugares son algo caros, sobre todo en la costa donde están los hoteles, pero en general es un gran lugar, las playas son preciosas”, menciona Jaimie, un músico australiano que vive en Tulum por temporadas y ha visto el esplendor de este municipio caribeño de 46.000 habitantes. Una buena parte de los clientes en los negocios son extranjeros y permanecen en las zonas más turísticas, mientras que la vida local de Tulum transcurre en el centro. Una señal muy evidente sobre la caída del comercio ha sido el cierre de una de las dos sucursales de Starbucks en el municipio. Un par de trabajadores embalan los muebles del local de la cadena estadounidense de café, que todavía tiene en las ventanas las marcas de su campaña para Halloween, con Snoopy y la gran calabaza.

Uno de los puntos que más ha padecido el vaivén del turismo en los últimos años ha sido la zona arqueológica de Tulum, coronada con el Castillo maya del siglo XI, donde en septiembre de 2024 llegaron hasta 74.385 visitantes, según datos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), pero que en el mismo mes de 2026 apenas recibió a 22.100 personas. La polémica sobre la construcción del Parque del Jaguar, alrededor del sitio arqueológico, se zanjó este año con la retirada de los cobros por hasta 515 pesos (unos 28 dólares). Una buena parte de los turistas accede gratuitamente a la playa en bicicleta y caminando, y solo se paga si desean conocer las ruinas mayas. Las entradas cuestan 80 pesos (cuatro dólares), si son mexicanos, y 265 pesos (14 dólares), si son extranjeros.

“Tulum es un imán”, afirma Tito Juárez, un proveedor de servicios acuáticos para turistas. Su barca está aparcada mientras habla de que este año el turismo fue más generoso en Semana Santa que en el verano, pero que de ningún modo se puede hablar todavía de una recuperación. “El turista mexicano está dolido de todo lo que se ha dicho de Tulum, que si el café es muy caro o que si para entrar al Parque Jaguar son 80 dólares. El Gobierno ya dejó de cobrar, pero también la Guardia Nacional ha dejado de hacer rondines y de vigilar”, apunta. Es cierto que el cuidado gubernamental está más cercano a la zona del Parque del Jaguar, mientras en el resto del municipio todavía se observan importantes problemas de alumbrado público y bacheo de las calles. El alcalde, Diego Castañón, ha anunciado este mismo mes una campaña de mejoramiento del asfalto en las principales vías del municipio.

El Gobierno ha emprendido una campaña llamada Tulum Renace en la que hace énfasis sobre el acceso gratuito a las playas –en donde anteriormente se cobraba o estaba condicionada la entrada al consumo en un local- así como en la limpieza del sargazo. La gobernadora de Quintana Roo, Mara Lezama, ha anunciado esta misma semana la apertura de rutas aéreas desde Canadá –Montreal y Toronto— como una apuesta por el turismo extranjero para impulsar el aeropuerto en la selva. Los datos de la Agencia Federal de Aviación Civil (AFAC) muestran que en el primer año del Aeropuerto Internacional de Tulum, en 2024, se realizaron 1.117 operaciones y que un año más tarde se redujeron casi a la mitad, con 689. “Se van a recuperar”, vaticinó la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, cuando se conoció el cierre de las rutas aéreas nacionales. La reconquista de Tulum como un destino turístico estrella de México parece una cuesta arriba cada día más compleja.

Redacción: EL PAIS