La estampida de los huérfanos políticos

La estampida de los huérfanos políticos

Hay algo que empieza a oler peor que un partido político después de una derrota electoral: un partido político al que se le está yendo su propia gente.

 

Y en Quintana Roo ya comenzó la estampida, primero uno, luego otro, después otro más; Y mientras las dirigencias hablan de unidad, fortaleza, democracia interna y proyectos de futuro, los militantes parecen estar entendiendo el mensaje de una manera bastante distinta “Aquí ya no hay lugar para ustedes”.

 

Movimiento Ciudadano acaba de recibir otro golpe en Quintana Roo, Paola Cervera presentó este 9 de septiembre su renuncia formal, definitiva e irrevocable, antes, el 31 de agosto, Gustavo Pech había hecho lo propio y se declaró regidor independiente, y en junio, Jorge Portilla también había renunciado al partido naranja.

 

Tres salidas, tres historias, pero un mismo problema: la naranja ya no parece estar tan jugosa para todos los que alguna vez ayudaron a sembrarla.

 

Cervera no se fue dando las gracias por una fiesta de cumpleaños, habló de profundas diferencias con el proyecto actual y de que se extinguieron los puentes de cordialidad, respeto y confianza con quienes habían trabajado para fortalecer el movimiento. Pech, por su parte, habló de diferencias irreconciliables en la visión del futuro político local.

Y aquí es donde uno empieza a sospechar que quizá el problema no sean tres personas, quizá el problema sea la casa, porque cuando uno se va, puede ser un pleito, cuando dos se van, puede ser una casualidad, pero cuando empiezan a hacer fila para salir… igual y habría que revisar quién está cerrando la puerta.

 

El Pan tampoco está para presumir y si alguien en Acción Nacional está leyendo esto con una sonrisa de satisfacción porque “los naranjas se están desmoronando”, que guarde la sonrisa, porque el PAN tampoco está precisamente para lanzar cohetes.

 

En agosto, Eduardo Martínez Arcila advirtió que integrantes del Consejo Estatal panista preparaban sus renuncias y que algunos ya negociaban incorporarse a Morena, Verde y Movimiento Ciudadano, también alertó sobre el riesgo de que el PAN pierda su registro si continúa el abandono interno.

 

Los partidos se pasan la vida hablando de conquistar al electorado, pero parece que se les olvidó una cosa básica: primero tienen que conservar a los suyos.

Porque resulta bastante complicado convencer al ciudadano de que eres una gran alternativa política cuando ni siquiera puedes convencer a tus propios militantes de quedarse, y eso no se arregla con una rueda de prensa, ni con una fotografía de unidad, ni con el clásico: “Estamos más fuertes que nunca”.

 

Porque cada vez que un político dice “estamos más fuertes que nunca”, generalmente hay alguien detrás de la puerta haciendo las maletas.

 

El gran mercado de la política, y aquí viene la parte incómoda, en Quintana Roo, rumbo a 2027, los partidos están comenzando a comportarse como un enorme mercado de fichajes.

 

¿Te vas? Ven conmigo, ¿No te dieron candidatura? aquí tenemos una, ¿No te tomaron en cuenta? nosotros sí, ¿Te hicieron a un lado?aquí hay una fotografía contigo, ¿Tienes estructura? ¡Mucho gusto! ¿Tienes votos? ¡Pasa, por favor!. Y así se construye la nueva política: con calculadora, encuestas y memoria selectiva.

 

Porque en temporada electoral todos se vuelven amigos, los que ayer se insultaban hoy se abrazan, los que ayer denunciaban al adversario hoy se toman café con él, los que ayer juraban amor eterno a un partido descubren súbitamente que sus verdaderas convicciones siempre estuvieron en otra parte, qué conveniente.

 

La ideología, en Quintana Roo, parece tener una capacidad de adaptación impresionante, cambia de color con una facilidad que ya quisieran algunos camaleones.

Y MORENA… MIRANDO DESDE LA VENTANA

 

Mientras PAN y MC padecen sus propias fracturas, Morena observa, pero tampoco debería cantar victoria demasiado pronto. Porque el partido guinda también enfrenta tensiones internas rumbo a 2027, la propia dirigencia nacional ha llamado a sus aspirantes a mantener la unidad mientras se define la candidatura en Quintana Roo, en un proceso donde las pugnas internas ya forman parte del paisaje político.

 

Y aquí está la ironía: Los partidos que reciben a los inconformes de otros partidos mañana pueden convertirse en los partidos de los inconformes, porque el problema no desaparece cuando alguien cambia de camiseta.

 

Si la política se sigue haciendo a base de grupos, cuotas, cercanías personales, candidaturas negociadas y decisiones tomadas desde arriba, el apellido del partido será lo de menos.

 

Durante años, los partidos han utilizado a sus militantes para llenar mítines,para caminar colonias, para repartir volantes, para tocar puertas, para defender en redes sociales a sus dirigentes, para poner la cara cuando las cosas se ponen feas.

 

Pero cuando llega el momento de repartir espacios, de escuchar propuestas o de decidir candidaturas, entonces aparece una palabra mágica: “Unidad”, unidad para obedecer, unidad para no preguntar, unidad para no reclamar, unidad para aceptar.

Pero cuando el militante exige reciprocidad, entonces se convierte en “divisionista”, qué curioso.

 

La democracia interna parece funcionar maravillosamente… Siempre y cuando nadie quiera usarla.

 

Y mientras tanto, Quintana Roo se acerca a 2027 con una clase política que corre de un lado a otro buscando dónde acomodarse, no necesariamente dónde servir. Pareciendo política de reciclaje.

 

Porque ésa es otra de las tragedias de nuestra política: se ha confundido proyecto con candidatura, y partido con vehículo. Cuando el vehículo deja de servir, se cambia, cuando el chofer ya no convence, se busca otro, cuando el destino político cambia, se cambia de ruta. Y el ciudadano queda mirando desde la banqueta preguntándose:

¿Y éstos no eran los que decían que tenían principios? Sí, tenían, hasta que apareció una candidatura, lo más grave no es que se vayan,
lo verdaderamente grave es por qué cada vez más políticos consideran que para seguir haciendo política tienen que abandonar el partido al que pertenecían.

Porque un partido sano puede perder candidatos, puede perder elecciones, puede perder posiciones, pero si empieza a perder sistemáticamente a su propia militancia, entonces ya no estamos hablando solamente de una derrota electoral, estamos hablando de una crisis de identidad. Y esa crisis no se resuelve cambiando al dirigente, se resuelve preguntándose qué demonios pasó con el proyecto.

 

LA PENSADORA

 

En Quintana Roo hay partidos que todavía tienen oficinas, logotipos, dirigentes, comunicados y fotografías, lo que empieza a faltarles es algo mucho más importante: gente que todavía crea en ellos.

 

Porque los militantes no deberían ser muebles que se cambian de habitación cuando llega una nueva dirigencia, son quienes construyen un partido cuando nadie está mirando, y cuando esos mismos militantes comienzan a salir por la puerta, no basta con decir que “se fueron porque quisieron”. Hay que tener el valor de preguntar:
¿qué hicimos para que quisieran quedarse?

 

Porque quizá el verdadero escándalo político de Quintana Roo no sea la gente que está cambiando de partido, quizá sea que los partidos se han vuelto tan incapaces de enamorar a los suyos que ahora tienen que esperar a que alguien se vaya para descubrir cuánto valía.

 

Y eso, queridos dirigentes, no es una fuga de militantes, es una auditoría política, y por lo que se está viendo… las cuentas no les están cuadrando.