Siempre se ha dicho que el futbol une a las familias, que le mundial es una fiesta, mueve economías, llena hoteles, abarrota restaurantes y convierte cualquier esquina con pantalla en un punto de reunión. Nos hablaron de la gran derrama económica, de la oportunidad para los negocios, del impulso al turismo y de los grandes beneficios con este tipo de eventos.
Lo que no nos dijeron es que, para muchos pequeños empresarios la fiesta empieza con una pequeña factura, porque mientras miles de propietarios de bares, cafeterías y pequeños comercios ya estaban haciendo cuentas de cuantos clientes podrían atraer con los partidos, la realidad les da un portazo en la cara, la realidad se hace presente cuando alguien intenta emprender, crecer o simplemente sobrevivir en este país: hay que pagar, y pagar bastante.
Resulta que transmitir un partido no es simplemente prender la televisión que tienes en tu negocio, no!!! ahora el empresario por muy pequeño que sea tiene que navegar entre licencias, autorizaciones, derechos de transmisión, restricciones comerciales y posibles sanciones, que para los que apenas están sacando para la nómina se siente como una goliza sin posibilidad de remontar.
Pero bueno lo que si provoca molestia es que, como siempre pasa, la carga y la griega mas grande la tiene el eslabón mas débil, porque los grandes corporativos seguirán transmitiendo partidos sin despeinarse, las grandes cadenas hoteleras seguirán organizando eventos para turistas, los grandes grupos empresarios seguirán facturando millones; El problema aparece cuando hablamos del restaurante familiar que apenas tiene 10 mesas, del bar de la colonia, de la cafetería que lucha por mantenerse abierta, del comerciante que mes con mes hace malabares para pagar una renta, nomina, etc…
A todos ellos les dicen que el mundial representa una oportunidad, pero la oportunidad viene acompañada del “si quieres ganar dinero, primero asegúrate de pagarle a todos los demás”, ahí es donde hace aparición la contradicción mas grande, porque durante años hemos escuchado el discurso vacío del “apoyar a las pequeñas y medianas empresas, que son el motor de la economía, genera empleos, que representan el corazón del desarrollo económico”.
Pero la realidad es que cuando aparecen oportunidades para incrementar ingresos, también aparecen nuevas condiciones, nuevas reglas y nuevos costos, parece que el pequeño empresario quintanarroense cada semana descubre un obstáculo nuevo.
Lo mas irónico es que Quintana Roo conoce perfectamente la palabra “derrama económica”, la escuchamos mucho para justificar puertos, megaproyectos, inversiones millonarias, bastan con caminar por Chetumal y entender que dicha derrama no ha llegado y al parecer no llegara, una imagen desalentadora ver locales vacíos, negocios cerrados, calles comerciales que hace años tenían movimiento y hoy sobreviven con dificultades.
LA PENSADORA
Teniendo todo esto como contexto, que tristeza es escuchar a empresarios que tendrán que desembolsar cantidades adicionales para transmitir partidos y generar algo mas que molesta, preguntarse si vale la pena el transmitir un partido o mejor ignorarlo. Todo esto genera frustración, por que el sistema siempre encuentra una forma de cobrarle al que produce, arriesga y genera empleo. Mientras tanto el ciudadano común observa como se anuncian beneficios millonarios, como se prometen oportunidades, se presume de crecimiento, pero cuando ven la realidad en los negocios de amigos o compadres se da cuenta que la historia es completamente diferente.
Así se vivirá este mundial 2026, mientras unos celebran los millones generados por el espectáculo deportivo más grande del planeta, acá abajo en la cancha donde juegan los pequeños negocios de Quintana Roo, el partido sigue siendo el mismo de siempre: SOBREVIVIR.
Y ese, lamentablemente, es un campeonato que cada vez tiene menos participantes y más derrotados