Colonias como Emiliano Zapata, Yax Balam, Sac Bé, Nasim, 2 de Octubre, Arrecife I, Álamos, Carlos Joaquín y López Obrador no surgieron de la noche a la mañana. Crecieron con postes, cables y transformadores que alguien colocó, alguien energizó y alguien facturó —o dejó de facturar—.

Hoy la CFE pretende lavarse las manos y trasladar el costo social del problema a los ayuntamientos, solicitando acompañamiento policiaco para desconectar la luz a familias que, guste o no, han vivido bajo un esquema de tolerancia institucional. No hay en el documento una sola línea sobre regularización gradual, mesas de trabajo, alternativas técnicas, ni coordinación con áreas de desarrollo urbano o social. Solo hay una cosa: cortar.
Este no es un problema de asentamientos irregulares.
Es un problema de administración pública fallida.

La energía eléctrica no es un lujo; es un servicio estratégico. Cuando se maneja con improvisación, omisión o conveniencia política, el resultado es exactamente el que hoy vemos: conflicto social, desgaste institucional y ciudadanos atrapados entre la ilegalidad tolerada y la legalidad tardía.
La CFE no puede presentarse como víctima cuando fue actor principal de la omisión. Y el superintendente que hoy firma oficios para cortar el suministro debería explicar por qué no actuó cuando el problema estaba naciendo, no cuando ya es una bomba social
Redaccion: LA PANCARTA DE QUINTANA ROO