En Puerto Morelos hay una presidenta municipal que merece una pregunta incómoda: ¿de verdad gobierna para su municipio o solamente gobierna su agenda?
Blanca Merari Tziu Muñoz volvió al centro de la conversación pública después de que la Fiscalía General de la República cateara, el 19 de octubre, la vivienda que renta en el residencial Lagos del Sol, en Cancún. La alcaldesa aseguró que no fue detenida, que el inmueble no es suyo y que, según la información que recibió, la diligencia estaba relacionada con el propietario de la propiedad, no hay, hasta ahora, información pública que acredite una imputación contra ella por ese operativo. .
Pero vaya que la política tiene sentido del humor, mientras la presidenta de Puerto Morelos explica lo ocurrido en una residencia de Cancún, el municipio que gobierna queda inevitablemente metido en una discusión que va más allá de una dirección domiciliaria.
Y no, vivir en Cancún no es delito, tampoco lo es rentar una casa ni ser arrendataria de alguien que se encuentre bajo investigación, lo verdaderamente cuestionable es la distancia entre el poder y la gente, entre la silla que se ocupa y la responsabilidad que se ejerce.
La presidenta que vive allá, pero gobierna acá, Puerto Morelos tiene Ayuntamiento, Palacio Municipal, comunidades, problemas y ciudadanos que necesitan respuestas, Cancún tiene residenciales privados, tráfico y una vida urbana distinta, y Blanca Merari, por lo que ella misma ha explicado, tiene su vivienda en Cancún.
¡Qué cosas! El municipio pone la responsabilidad y la presidenta pone la dirección donde decide vivir, legalmente puede hacerlo, políticamente, no parece algo muy correcto; Porque una cosa es tener derecho a elegir domicilio y otra pretender que nadie pregunte por qué quien gobierna Puerto Morelos ha establecido su hogar fuera de ese territorio.
¿Está presente cuando la comunidad necesita soluciones? ¿Conoce de primera mano lo que viven las colonias? ¿Su administración responde con la misma rapidez con la que sus funcionarios publican fotografías de eventos y boletines de actividades?
Esas son las preguntas que importan, no si duerme en una cama de Cancún o en una de Puerto Morelos, sino si la distancia geográfica también se ha convertido en distancia política.
El cateo no es una sentencia, pero tampoco es una noticia menor, la FGR realizó una diligencia en la vivienda que ocupa la alcaldesa, ella explicó que se trata de una propiedad rentada y que, según lo que le informaron, el procedimiento está dirigido al propietario.
Perfecto: que la investigación siga su curso y que las autoridades aclaren lo que corresponda, pero no confundamos las cosas, Una alcaldesa no puede ser declarada culpable por el simple hecho de habitar un inmueble cateado, sería irresponsable sostenerlo sin pruebas.
Lo que sí puede exigírsele es claridad en lo que le compete, respeto a la investigación y una explicación pública que no se limite a apagar el incendio mediático del día, y aquí viene la ironía: en política, cuando todo está en orden, los funcionarios presumen hasta el último logro, cuando surge una controversia, descubren de pronto que hay asuntos que deben tratarse con cautela, la cautela es correcta, el doble estándar, no.
Si Blanca Merari no tiene responsabilidad en los hechos investigados, será la propia investigación la que permita aclararlo. Mientras tanto, la ciudadanía tiene derecho a conocer la información confirmada, la trayectoria de Blanca Merari está atravesada por una tragedia real, su esposo, Ignacio Sánchez Cordero, fue asesinado en febrero de 2021, cuando aspiraba a la Presidencia Municipal, un año después, su cuñado y su sobrino también fueron asesinados.
Puerto Morelos no puede vivir eternamente entre recuerdos dolorosos, ceremonias oficiales y discursos, necesita resultados verificables en seguridad, servicios públicos, infraestructura y atención ciudadana, porque la gente no puede pagar sus recibos con discursos, ni sentirse más segura con fotografías, ni resolver sus problemas con la biografía de quien gobierna, el respeto a una tragedia es obligatorio; la rendición de cuentas también, una cosa no cancela la otra.
Blanca Merari tiene una responsabilidad que no termina cuando abandona el Palacio Municipal, gobernar no consiste en administrar titulares, controlar daños o publicar comunicados para tranquilizar a la opinión pública, gobernar significa responder por los resultados de la administración.
Y ahí es donde la alcaldesa debe poner sus cartas sobre la mesa: ¿qué ha mejorado realmente para los habitantes de Puerto Morelos? ¿Qué compromisos se han cumplido? ¿Qué problemas siguen pendientes? ¿Qué indicadores puede presentar para demostrar que su gobierno está funcionando?
Que no nos vendan la agenda como si fuera un informe de resultados, una cosa es tener actividades y otra conseguir cambios que la ciudadanía pueda sentir en su vida cotidiana, tampoco basta con decir que se atiende el municipio con normalidad, la normalidad se demuestra con servicios que funcionan, decisiones transparentes y ciudadanos que encuentran respuestas.
Porque si para presumir los logros basta con un boletín, para demostrar los resultados hacen falta datos, Puerto Morelos no es un accesorio de poder, aquí está el fondo de todo: Puerto Morelos no es una oficina secundaria ni un escenario que se utiliza cuando toca cortar un listón, es el municipio que Blanca Merari aceptó gobernar.
Sus habitantes no le entregaron el cargo para que su administración se mida por la cantidad de fotografías, los discursos o la habilidad para salir de una controversia, le entregaron una responsabilidad pública, y esa responsabilidad exige presencia, resultados y transparencia.
Si vive en Cancún, que viva donde quiera, Si renta una propiedad, que la rente, si la investigación federal está dirigida a otra persona, que se aclare conforme a derecho; Pero que no se pierda de vista lo esencial: la residencia puede ser privada; la responsabilidad de gobernar Puerto Morelos es pública.
LA PENSADORA
Hay políticos que quieren que los ciudadanos los vean como autoridades cuando reparten beneficios, como víctimas cuando enfrentan críticas y como particulares cuando llegan las preguntas incómodas.
Qué conveniente sería gobernar así, los aplausos para el cargo y las preguntas para la persona.
Pero Blanca Merari no necesita que la condenen por un cateo ni que conviertan la historia de su familia en un arma. Necesita responder con hechos por el municipio que gobierna.
Porque, a fin de cuentas, la pregunta no es dónde duerme la presidenta, la pregunta es si Puerto Morelos está recibiendo el gobierno que merece o si sus ciudadanos tienen que conformarse con ver a su alcaldesa de visita en el municipio que preside.
Y si esa pregunta incomoda, que incomode, para eso existe el periodismo, para preguntar lo que el poder preferiría dejar fuera del boletín.