Cuarto informe: lo que se prometió, lo que falta y la tarea de los responsables

CON DAÑO A TERCEROS

Llegó el cuarto informe de gobierno de Mara Lezama y, como ocurre cada año, las cifras, las obras y los anuncios volverán a ocupar el escenario, pero un informe también sirve para hacer algo mucho más sencillo: recordar qué se prometió, qué se ha cumplido y qué sigue pendiente.

Y hay que decirlo desde el principio: no todo lo que no se ha concretado puede cargarse directamente a la gobernadora; Una cosa es encabezar un gobierno y otra muy distinta ejecutar personalmente cada programa, cada obra, cada servicio y cada decisión administrativa, para eso existen secretarías, organismos, direcciones y funcionarios responsables de cada área.

Desde el primer informe, Mara Lezama planteó una transformación con prioridades muy claras: bienestar social, salud, educación, seguridad, infraestructura, desarrollo económico y atención a las comunidades que históricamente habían quedado rezagadas.

Cuatro años después, algunas de esas promesas ya tienen forma de obra, programa o inversión, pero otras todavía esperan turno. Y ahí es donde este cuarto informe adquiere especial importancia.

Porque si desde el inicio se habló de mejorar los servicios de salud, entonces habría que preguntarle al secretario de Salud, Carlos Flavio Rosado, qué tanto se ha avanzado y qué pendientes permanecen, si se prometió fortalecer la educación, habrá que revisar con la secretaria de Educación, Elda Xix Euán, qué compromisos ya están cumplidos y cuáles continúan en proceso, si se habló de seguridad, infraestructura, desarrollo urbano o servicios públicos, cada responsable debería tener algo más que una explicación: resultados que puedan comprobarse.

La gobernadora puede anunciar una política pública, asignar recursos y establecer una instrucción, pero si en la cadena administrativa alguien no cumple, alguien retrasa, alguien no supervisa o simplemente alguien no da resultados, esa responsabilidad tiene nombre y apellido dentro de la estructura gubernamental.

Y precisamente ahí está uno de los grandes retos del cuarto informe: que las cifras no se queden únicamente en el discurso de la titular del Ejecutivo, sino que cada secretario, director y responsable de área pueda responder por la parte que le corresponde. Porque también sería injusto atribuirle a la gobernadora personalmente cada problema que aparece en una dependencia.

Un gobierno es un equipo, y cuando un equipo gana, todos celebran, pero cuando una posición falla, también hay que preguntarle al jugador responsable qué ocurrió.

Y después de este informe… vienen los municipios, el informe de la gobernadora también abre la puerta a otra temporada de rendición de cuentas: la de los presidentes municipales.

Y ahí la pregunta inevitable será: ¿qué cuentas van a rendir los alcaldes de Quintana Roo; Porque si desde el Gobierno del Estado se habla de transformación, inversión, bienestar y resultados, habrá que ver cómo se refleja esa misma narrativa en los municipios.

Los presidentes municipales también tendrán que presentar sus propios balances: qué prometieron, qué hicieron, cuánto gastaron, qué obras entregaron y, sobre todo, qué hicieron frente a las deficiencias que sus propios municipios han venido arrastrando.

Calles deterioradas, servicios públicos que siguen generando inconformidad, problemas de alumbrado, recolección de basura, mantenimiento urbano, movilidad y una larga lista de pendientes forman parte de la realidad cotidiana de muchos ciudadanos.

Y aquí tampoco se trata de echarle la culpa a un solo funcionario por absolutamente todo, pero sí de recordar que cada presidente municipal llegó al cargo con responsabilidades muy concretas y con un presupuesto para atenderlas.

Por eso, cuando comiencen los informes municipales, sería interesante que no se conviertan únicamente en ceremonias llenas de videos, aplausos y cifras, que expliquen, que comparen, que digan qué recibieron, qué prometieron y qué entregaron.

Porque el ciudadano no vive dentro de un informe, vive en su colonia, utiliza las calles, espera que recojan la basura, necesita alumbrado, seguridad, servicios y obras, y finalmente, esa es la verdadera auditoría de cualquier gobierno: la calle.

Durante estos cuatro años se han anunciado grandes proyectos para Quintana Roo, algunos ya son una realidad y otros continúan en construcción o consolidación. También se han planteado compromisos particularmente importantes para Chetumal, para las comunidades del sur y para sectores que esperan que el crecimiento económico del estado se traduzca en mejores condiciones de vida.

El cuarto informe tendrá que mostrarnos precisamente ese mapa: qué se prometió, qué se cumplió, qué está en proceso y qué falta.

Y aquí vale hacer una precisión importante, que algo esté pendiente no significa necesariamente que el gobierno haya fracasado, hay proyectos que requieren presupuesto, permisos, coordinación con la Federación o varios años para concluirse.

Lo verdaderamente importante será conocer cuáles tienen ruta, presupuesto y fecha, porque si algo ha caracterizado estos cuatro años es la cantidad de proyectos anunciados y la dimensión de las inversiones que se han puesto sobre la mesa; Ahora viene la etapa de consolidarlos.

Mara Lezama todavía tiene un año de gobierno por delante, y ese año puede ser fundamental para que muchas de las promesas que todavía están en proceso puedan convertirse en resultados concretos.

Por eso este cuarto informe no tendría que ser únicamente una ceremonia para escuchar números, debería convertirse también en una llamada de atención para quienes tienen la responsabilidad de que las instrucciones de la gobernadora se cumplan.

La gobernadora marca la ruta, los responsables de cada área tienen que caminarla, y en los municipios, los alcaldes también tendrán que demostrar que conocen perfectamente el camino.

LA PENSADORA

A cuatro años de distancia, Mara Lezama tendrá que presentar lo que se ha construido y también lo que todavía está pendiente, y si hay promesas que no se han cumplido, habrá que preguntarle a cada responsable de área qué pasó con ellas, dónde se atoraron y cuándo estarán listas, porque una cosa es ser la cabeza del gobierno y otra cargar personalmente con cada omisión de quienes tienen una responsabilidad específica.

Y mientras la gobernadora rinde cuentas, los presidentes municipales ya deberían ir preparando las suyas, porque después del informe estatal viene el turno de los ayuntamientos, y ahí también habrá que poner las cartas sobre la mesa: menos aplausos, menos discursos y más respuestas sobre esas deficiencias que los ciudadanos padecen todos los días.

La gobernadora puede poner el proyecto sobre la mesa; ahora les toca a sus funcionarios y a los alcaldes demostrar que saben convertir las instrucciones y las promesas en resultados