Pobres… pero de papel

Pobres… pero de papel

En política mexicana hay una especie que nunca deja de sorprender: el servidor público que ha pasado media vida viviendo del presupuesto, ocupando cargos importantes, administrando recursos públicos y tomando decisiones que afectan a millones… pero que, cuando llega la hora de hablar de su patrimonio, resulta ser poco menos que un monje franciscano.

Así arranca la carrera por la candidatura de Morena en Quintana Roo. Ana Patricia Peralta, Eugenio “Gino” Segura, Rafael Marín Mollinedo, Marybel Villegas y Alexa Murguía buscan convencer a la ciudadanía de que son el mejor perfil para gobernar el estado, todos hablan de continuidad, transformación, honestidad y cercanía con el pueblo, el discurso suena impecable, el problema es que la transparencia no siempre acompaña a los discursos; Resulta que trabajan por puro amor al pueblo porque lo reportado no hace pensar que casi casi ganan menos que una canasta básica.

La investigación nacional sobre los aspirantes de la llamada Cuarta Transformación exhibe una realidad incómoda: uno de cada tres funcionarios con trayectoria pública presenta vacíos patrimoniales, algunos no tienen declaraciones públicas, otros aseguran no tener bienes, otros simplemente decidieron reservar la información que, por tratarse de personajes que viven del servicio público, debería ser del conocimiento de todos.

Y ahí empieza el verdadero espectáculo, porque pareciera que la política mexicana tiene un extraño poder: entre más años pasas cobrando del erario, menos patrimonio aparece en el papel, una especie de magia administrativa y esto es un fenómeno digno de estudio, no sabemos si descubrieron el secreto para vivir sin generar patrimonio o si los bienes aprendieron el extraordinario truco de hacerse invisibles cuando llega el momento de llenar una declaración.

Lo cierto es que la confianza no se construye con slogans de campaña ni con fotografías abrazando adultos mayores o recorriendo colonias, recogiendo sargazo con palitas; Se construye con documentos completos, cuentas claras y declaraciones patrimoniales que no provoquen la burla de la ciudadanía, porque resulta curioso que para pedir el voto no existan secretos, pero cuando toca abrir el clóset patrimonial aparezcan puertas cerradas, información reservada o simples espacios en blanco.

Y no, aquí no se trata de condenar a nadie por ser rico, ser rico no es delito, el delito es que quienes hicieron de la transparencia una bandera política ahora parezcan considerar que rendir cuentas es opcional, si la Cuarta Transformación presume que ya no son iguales, debería empezar por demostrarlo donde realmente importa: en los hechos y no en los discursos.

Quintana Roo merece conocer con absoluta claridad quiénes pretenden gobernarlo, cómo han construido su patrimonio y si existe congruencia entre su vida pública y lo que declaran, porque gobernar un estado implica administrar miles de millones de pesos, y quien aspira a semejante responsabilidad debería entender que la primera obligación no es pedir confianza… Es ganársela.

LA PENSADORA

La honestidad no se presume en un mitin, ni se mide por el número de veces que se repite la palabra “transformación”, Se demuestra con cuentas claras, declaraciones completas y la disposición de responder a las preguntas incómodas, Porque quien no puede transparentar su pasado difícilmente podrá convencer de que administrará con claridad el futuro de Quintana Roo.

“Hay políticos tan austeros en sus declaraciones patrimoniales… que la única riqueza que presumen es la del discurso.”
Y es que la transparencia no debería ser un acto de buena voluntad, sino una obligación para quien aspira a gobernar, si desde la etapa de precampaña hay dudas, omisiones o información reservada sobre el patrimonio de quienes buscan administrar miles de millones de pesos, la confianza simplemente se transforma en nula.