¿Confusión o Confesión?

Antes de Ana Patricia estuvo Mara Lezama, hoy gobernadora. Antes de Mara, Remberto Estrada, del Partido Verde, compadre y aliado estratégico de la misma fuerza política que hoy gobierna. Y antes de él, Paul Carrillo, actual secretario en el gabinete estatal. Tres nombres, tres aliados, tres gobiernos que no pueden disociarse del proyecto que hoy encabeza Ana Paty. ¿Entonces? ¿Les está llamando corruptos a todos ellos en plena vía pública? En Cancún, la ciudadanía ya percibe que la corrupción es un problema enquistado en la política local: desde los permisos exprés de construcción hasta los contratos inflados en servicios públicos. La percepción no se limpia con frases impresas en lona…

 

En la política, como en la vida, hay frases que marcan un antes y un después. El problema es cuando la frase no inspira, no convence, pero se convierte en un boomerang que regresa con más fuerza y golpea a quien la lanzó. Eso le acaba de pasar a la alcaldesa de Benito Juárez, Ana Paty Peralta, con el espectacular de su primer informe de gobierno: “Donde hubo corrupción, ahora hay inversión”. Y como ya sabes que #MiPechoNoEsBodega en estas líneas #TeLoCuento.

 

A primera vista parece un intento de contraste: se busca destacar que lo de ahora es distinto, que se acabó con lo malo para abrir paso a lo bueno. Pero Cancún no es una ciudad ingenua. Los ciudadanos, que padecen diariamente el desorden urbano, la violencia creciente y los baches que se multiplican como si fueran plaga, saben muy bien quiénes han gobernado antes. Y allí radica la catástrofe: cuando la alcaldesa lanza esa frase en tamaño monumental, en realidad no golpea a la oposición —que prácticamente no existe en el municipio— sino a su propio círculo político.

 

Antes de Ana Patricia estuvo Mara Lezama, hoy gobernadora y pieza clave de Morena en Quintana Roo. Antes de Mara, Remberto Estrada, del Partido Verde, compadre y aliado estratégico de la misma fuerza política que hoy gobierna. Y antes de él, Paul Carrillo, actual secretario en el gabinete estatal. Tres nombres, tres aliados, tres gobiernos que no pueden disociarse del proyecto que hoy encabeza Ana Paty. ¿Entonces? ¿Les está llamando corruptos a todos ellos en plena vía pública? ¿O se trata de un desliz monumental en la estrategia de comunicación?

 

“Haiga sido, como haiga sido” El daño ya está hecho.

El informe presumió 857 millones de pesos en obras. Sin embargo, el presupuesto total de Benito Juárez para 2024 rondaba los 6,500 millones de pesos, de los cuales más de 2,000 corresponden a participaciones federales y poco más de 500 a ingresos propios. Con estos números y tomando en consideración que este presupuesto ya creció para el 2025, pues… Es decir, lo anunciado como gran logro equivale a apenas el 13% del presupuesto total. Nada desdeñable, pero tampoco suficiente para levantar la bandera de la transformación.

 

Si a eso sumamos que el municipio recibe más de 20 millones de turistas anuales, y que Cancún es la puerta de entrada de más del 40% de los visitantes internacionales que llegan al país, resulta evidente que hablar de inversión debería ser sinónimo de megaproyectos urbanos, estrategias de movilidad de largo plazo, programas serios de seguridad y rescate de espacios públicos. En cambio, lo que se colocó en el escaparate fue una frase que huele más a confesión que a triunfo.

El error no se queda en el terreno de lo simbólico. Hay un costo tangible: los espectaculares que tuvieron que ser retirados. Cada anuncio en avenidas como Kabah, Bonampak o López Portillo puede costar entre 40 mil y 60 mil pesos al mes, dependiendo del formato y la ubicación. Hablamos de decenas de espectaculares en toda la ciudad. Millones de pesos en total.

 

Dinero público que se quemó en un chispazo de torpeza. Y lo más grave: no hubo un solo funcionario que advirtiera la contradicción, que frenara la impresión de las lonas, que cuestionara el mensaje antes de exhibirlo frente a cientos de miles de cancunenses. Eso habla de una administración sin filtros, sin contrapesos internos y con una preocupante falta de rigor en la toma de decisiones.

 

La ironía es que, en su intento por borrar la sombra de la corrupción, el propio gobierno terminó proyectándola con más fuerza. En Cancún, la ciudadanía ya percibe que la corrupción es un problema enquistado en la política local: desde los permisos exprés de construcción hasta los contratos inflados en servicios públicos. La percepción no se limpia con frases impresas en lona, sino con acciones visibles, con auditorías abiertas, con sanciones reales.

 

Pero el mensaje no habló de combate frontal, sino de pasado nebuloso. Y lo que se entendió no fue “miren cómo hemos mejorado”, sino “sí, hubo corrupción, y todos sabemos dónde”. Un desliz así se convierte en munición para la crítica ciudadana, que no perdona ni olvida.

El retiro apresurado de los espectaculares fue la aceptación del error. Pero ya era tarde: las redes sociales hicieron su trabajo y convirtieron la frase en un meme viral. Lo que debía ser el escaparate de logros terminó siendo la caricatura de un gobierno que parece no dar una.

El horno no está para bollos. Cancún enfrenta tasas de homicidios que superan los 50 por cada 100 mil habitantes, niveles que lo colocan en el rango de ciudades con violencia crónica. La movilidad urbana está colapsada: la Avenida Tulum y la López Portillo parecen campos de batalla a cualquier hora del día. Los trabajadores que sostienen la industria turística viven en condiciones precarias, en colonias sin servicios básicos. Y ante esa realidad, lo que se coloca en primer plano es un error de propaganda.

El boomerang ha vuelto y golpeó fuerte. Ana Patricia quiso presumir firmeza y terminó exhibiendo fragilidad. Quiso hablar de inversión y terminó validando la corrupción. Quiso proyectar control y terminó mostrando descuido.

 

La política, como decía Maquiavelo, no perdona la apariencia de debilidad. Y en este caso, la debilidad quedó impresa en lona, colgada en las avenidas de Cancún y compartida miles de veces en redes sociales.

 

En resumen: un informe que debía consolidar la imagen de la alcaldesa terminó confirmando lo que la ciudadanía ya intuía. Y cuando un gobierno se dispara en el pie, no hay adversario que tenga que mover un dedo. Basta con esperar a que, como ahora, escupa para arriba.

Redaccion: Nuevo Siglo Tercera Epoca